Agricultor cansado crea trampa ingeniosa contra invasores

Eli se presentó en la tienda con determinación. Frente a él estaba Jeff, el gerente del lugar, un hombre de treinta años aproximadamente que lucía agotado y con ojorosas señales de insomnio. Jeff intentó saludar con cortesía, aunque su sonrisa denotaba inquietud por lo que vendría a continuación.
Sin rodeos, Eli expuso su problema: los clientes de la tienda estaban estacionando vehículos constantemente en su propiedad privada, un terreno destinado al cultivo que él cuidaba celosamente. Jeff no tardó en reconocer la situación, admitiendo que ya habían enfrentado varios inconvenientes relacionados con este uso no autorizado de las tierras.