Agricultor cansado crea trampa ingeniosa contra invasores

Eli regresó a su hogar desalentado. Margaret lo esperaba en el huerto, atendiendo las plantas. Cuando le preguntó qué había sucedido, él compartió su frustración: las autoridades simplemente ignoraban sus reclamos. Para ellos era más cómodo mirar hacia otro lado que obligar a los conductores a estacionar correctamente, aunque tuvieran que caminar apenas unos metros más.
Margaret le sugirió contactar a Rick, un antiguo compañero de escuela que ejercía ocasionalmente como abogado. Tras escuchar los detalles del problema, Rick dio una respuesta desalentadora: sin barreras físicas o señalamientos legales con penalidades específicas, había muy poco que pudiera hacerse legalmente para detener esta práctica invasiva en sus tierras.